lunes, 15 de febrero de 2010

Narrar y describir


Narrar y describir sobre nuestra vida de manera que tengamos una biografía en tono de crónica es la encomienda que nos ha puesto David para esta semana, asunto complicado por mi reticencia a hablar de mí, así que con algunas viñetas veré si puedo lograrlo:

1. El día que nací.
No nacieron todas las flores ni cantaron los ruiseñores ni nada por el estilo, simplemente fue un domingo como todos: de hueva, lo único distintivo es que era uno que tenia un número de la suerte por todos lados, era un día siete, de un mes siete en una década que estuvo como ninguna llena de sietes. Con esa coincidencia seguramente algo extraordinario tenia que haber sucedido, pero no, simplemente mis abuelos maternos se sonrojaron, eso de los domingos siete no era muy de su agrado, aun cuando su hija se hubiera casado con todas las de la ley y dejado pasar justo nueve meses antes de su primogénito, y también fue el inicio de una historia más, de esas que a mi familia le encanta inventar y creer: nací en un hospital al mismo tiempo que otro niño, cuya única característica que hoy recordamos es que era gitano, de ahí que mis papas, hermanos y primos hallan insistido por tanto tiempo en que nos cambiaron de cunero y que yo soy de la familia amorosamente pero que en lo genético tengo mis orígenes allá por Bulgaria o Rumania.

2. El gitano que tuvo que leer
Además de las historia increíbles a mi familia lo que mas le gusta es sentarse ante una gran mesa, que tenga grandes platos de comida, ¿de cual?, de la que sea, queso, fruta, carne, lo que se pueda comer entre todos y durante toda la noche, y lo hacen solo para sentarse a hablar, a reír, y a discutir, todo como una manifestación de una obsesión que nos pinta como unos perfectos integrantes de la clase media: nos queremos distinguir de los demás, pero como no tenemos títulos nobiliarios los sustituimos por una obsesión por los libros, los cuales se coleccionan y amontonan en casa cual si fueran la fuente de la vida y la certeza de que se es diferente. Eso fue tan cierto que yo acabe sintiéndome diferente hasta de ellos, entre la historia de mi origen gitano y esas discusiones inteligibles me fui convenciendo que no, esa no era mi familia, no entendía nada de nada. Así que como me gustaba tanto sentarme a comer a esa mesa, tome la decisión de que no iba a dejar que descubrieran quien era, así que del cajón de mi abuelo materno me robe una lámpara de mano que el atesoraba mucho, plateada y brillante como nunca he visto nada más, y la usaba para levantarme en la noche y sacar algún libro del que hubieran hablado y leerlo debajo de las sabanas con esa luminosa, en mas de un sentido, lámpara, tenia que hacerlo a riesgo de que me mandaran a vivir a una casa rodante y tuviera que dedicarme a leer la mano a los extraños.

3. El cínico.
Sin perder la costumbre de leer casi a obscuras me llego el tiempo de ir a la preparatoria, no por elección, simplemente por que eso hacíamos todos en mi familia, en esa en la que viví toda la infancia, con mis dos hermanos directos, con otros cuatro que tenían la misma carga genética y los mismos apellidos y que sin embargo tenían otros papas. Así un día salí en listas en la una escuela de numerito y procedía a aburrirme como nunca más me ha sucedido, con muchas clases de nada y demasiada gente sin rostro pase algún tiempo batallando por cumplir ese requisito, supongo que por tanto ocio acumulado el resultado natural fue ponerme a hacer cosas sin sentido, y ya sabes que cuando se actúa así lo más probable es que acabe ocurriendo una desgracia, y fue así me dio por empezar a escribir, lo cual debe angustiar a cualquiera, pero de extraña manera emociona a otros, así que empecé a dedicar mas tiempo a escribir, a juntar textos ajenos, a pegarlos por todas las paredes que me encontraba, a distribuirlos de mano en mano, hasta que un buen día alguien me propuso que porque no los ayudaba en una elección estudiantil, que yo conocía a varias personas, otra me conocía y que les ayudara solo un mes y después volviera mis papeles. Cuando consulte a una profesora que se empeñaba todos los días en que terminara la preparatoria para que estudiara Letras, solo atino a responde: “No te metas en la política, eres demasiado cínico, te vas a volver más y te va a ir muy bien ahí”. No era maestra, era bruja.

4. “Como me dices puerco si vamos al mismo chiquero”
Pasó el mes y no me regrese a mis papeles, si bien estos siempre me han acompañado, ya no fueron lo único en que ocupe mi tiempo, de repente me divertí tanto viendo la pasión que despertaba en las personas la política que quise comprender de donde emanaba eso que les daba vida, porque tengo que aceptar que antes veía a esas personas como sombras grises y de repente estaban llenos de vida, así que algo debería de tener eso de la política. En esa búsqueda me he pasado varios años, para descubrir lo que para otros es evidente, que la política es tan humana como los es cualquier otra actividad, con el tiempo es cierto que me volví tan cínico que aprendí a reírme de los que desprecian la política pero también de los que la profesan como religión. La frase con la que nombro a esta viñeta es la mejor enseñanza que he recibido en años, la dijo alguien que no comprendía todo lo que contiene, finalmente solo el contacto con las pasiones humanas nos puede enseñar a ponerles la justa distancia de ellas.

5. ¿Y ahora que?
Simplemente nada, simplemente todo, ahora tengo lo que he querido, me di cuenta de que si soy ese niño gitano que mi familia invento, porque he ido y venido por todos lados, por todas las ideas, por todas las posibilidades, en ese camino lo único constante han sido mis letras, las ajenas también, y quiero seguir viajando, experimentando, encontrando la suerte que los sietes anunciaban y que los días han confirmado. Hoy simplemente escribo estas letras como una parte más de mi todo, sigo leyendo debajo de la sabana, aunque ahora se hacer altos para sentir a quien respira a mi lado, para escuchar sus palabras, para sentir sus sentimientos, hoy tengo que seguir leyendo para seguir siendo parte de lo que quiero ser, pero al final se que debo saber poner un punto y seguido para tener una pausa y mirar a mi cómplice de vida y tocar mis tres estrellas que llevo en el hombro y en la mente.

1 comentario:

Unknown dijo...

Una lectura muy fluida! Gracias!