viernes, 12 de febrero de 2010


La soledad de una oficina es el espacio adecuado para que el tiempo se detenga, para que las manecilla de mi reloj armen un complot junto con el ocho, el dos y el seis que se congelan en el reloj de la computadora, haciendo que todo deje de existir, obligándome a que me de cuenta de mi presencia, a que el pensamiento se dedique a rondar en torno a mi, lo cual se suma a que el cuerpo hace gala de todas sus facultades sensoriales y me recuerda a cada segundo que soy, que siento, que tengo actividad por todo eso que llaman cuerpo.

No existen motivos, razones, o al menos no los puedo recordar, no logro ni siquiera imaginar un motivo para mi presencia en este lugar; se que me levante muy temprano, aun era de noche, sin que sonara una alarma, que hice algunas cosas mecánicamente: bañarme, vestirme, manejar, comer una guayaba gigante, desabrida y llena de semillas que se atoran entre mis dientes tan dañados por la presión a las que los someto por el gusto de apretar la quijada, tengo claro todos esos detalles, pero no encuentro ningún porque.

Quisiera poder entender, no se como hacerlo, recuerdo que llegue hace unas horas y no había nadie, todos los escritorios estaban desiertos, no había ni un teléfono que sonara, todos estaban mudos, tal vez dormidos, tal vez muertos, solo eran silencio, de repente algún cuerpo que murmura alguna frase deambula por delante de mi, supongo que algo hace o dice, yo no logro entenderlo, ni siquiera me interesa, pero ni por accidente logro conectar con alguno de ellos.

Frente a mi tengo lo que sé que es una maquina, sospecho que sirve para algo, lo creo porque mis dedos se mueven apretando pequeños botones, que hacen que algo se mueva en una pantalla que emite una luz que me hace mirarla, puede que sea algo importante, no importa, finalmente eso tampoco lo entiendo, me da lo mismo si en esa pantalla aparecen mas y mas manchas, si surgen pequeñas líneas rojas o verdes, si parpadean, si desaparecen, solo se que ahí están, pero carecen de importancia.

Sin que me preocupe estoy entretenido pensando en si podré irme de aquí en algún momento, he pensado que si, porque ahora creo suponer que en otros momentos he repetido esta rutina, solo lo creo, no puedo asegurarlo; aunque tengo una duda fundamental: como sabré que hay un momento para irme, si no pasa nada, si los relojes se han quedado congelados, si no deja de ser las ocho con veintiséis minutos.

No hay comentarios: