Soy un escritor que es repudiado por los seguidores de algún filósofo del desencanto de origen rumano, su desprecio se concreta en que consideran mis textos dignos de ser publicados en Cosmopolitan. Por su parte las lectoras de esa revista sienten una enfermiza fascinación maternal por mis textos, les cautiva eso que ellas llaman tristeza y no es otra cosa que una fingida angustia existencial. La realidad es que mis intelectualizados críticos me envidian porque me suponen saliendo con chicas de portada cosmo, mientras que ellas me idealizan como el gran escritor capaz de revelar algún secreto de la vida. Los dos grupos se equivocan, yo solo me sonrío al pensar en ellos antes de ir a dormir.


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