miércoles, 30 de septiembre de 2009

El tiempo determina las cosas

El tiempo determina todas las cosas

En un instante es, se mueve una manecilla, ya no existe

El llanto puede ser, la felicidad estallar, empuñar la fuerza que destruya al mundo

Siendo el mismo, puede olvidarse el motivo, abandonar el deseo, mirar para otro lado

Hace un año la muerte seria el unico deseo, desaparecer, no existir

Supongo que la muerte sigue estando, no en mi, transmuto en olvido, solo es desengaño que duele

Seguira el tiempo pasando, inculso estas letras dejaran de ser

martes, 8 de septiembre de 2009

Tercer crónica



CRÓNICA DE LA PÁGINA GRIS

Una oficina de gobierno, un constante devenir de personas que malencaradas reclaman un mal servicio, otro grupo está del lado contrario de la ventanilla, a ellos los llaman servidores públicos, los cuales no están de mal humor, simplemente reflejan en sus caras el hastío de escuchar y hacer una y mil veces lo mismo, siempre las mismas acciones, las mismas quejas, las mismas groserías.

Todos tienen su justificación, unos simplemente hacen lo que pueden, otros pagan sus impuestos, y al final todos terminan odiando a todos, nadie tiene lo que quiere y deben soportarse al menos por unos momentos, por una mañana o tal vez algunos días, después se separan, hasta nuevo aviso, hasta que algo vuelva a fallar y tengan que afrontar un nuevo duelo.

Esta situación no tendría nada de extraordinario, todos lo hemos vivido, la mayoría de un lado, algunos cuantos de los dos, pero sin importar la experiencia en tramites burocráticos que hallamos obtenido, todos estamos en condición de asegurar que siempre es lo mismo, que nunca hay una diferencia.

La anterior afirmación es casi cierta, y digo casi porque solo una gran suerte, una extraña conjunción astral o un misterio sin resolver podrían dejarnos ver que no todo es igual, y digo que es muy extraño, porque el primer síntoma que genera la burocratitis aguda es que disminuye de manera muy grave, la capacidad para distinguir las diferencias.

Solo bastaría que cualquier día asistiéramos a una oficina de gobierno, sin la necesidad de hacer algún tramite, para darnos cuentas de que no solo hay secretarias gordas y con un humor pésimo, no es concurso de belleza pero sin los ojos del ciudadano mal atendido seguro podríamos encontrar mayores virtudes estéticas, o tal vez podríamos darnos cuenta de que no todos los tipos son groseros e inútiles, que incluso alguno hasta amable es; pero insisto, lo mejor de todo es que podríamos darnos cuenta de los pequeños detalles.

Si fuéramos los elegidos para no ver todo en las oficinas de gobierno en escala de grises, podríamos ver como hay diferentes motivos para que cada persona actúe de una manera extraña, por ejemplo, podríamos darnos cuenta de que en uno de los escritorios esta un tipo de aproximadamente 35 años que mira detenidamente a las personas, que intenta extraerles con la mirada algo, algún tema, algún rasgo, algo que los haga diferentes, lo hace con demasiada decisión, casi desesperado, lo hace durante largos momentos, y de repente como producto de una gran explosión de energía se sumerge en la pantalla de una computadora portátil y mueve de manera frenética sus dedos sobre el teclado.

Esto podría hacernos pensar que es una excepción en el diario juego de la nada, que hace su trabajo con una dedicación absoluta, pero no, eso tampoco es cierto, simplemente sufre porque es lunes, faltan unos horas para que tenga que asistir a un taller de crónica al cual se ha inscrito por todas las razones del mundo y por ningún motivo en particular, sufre porque frente a si tiene una hoja en blanco a la cual ha querido derrotar desde el martes pasado, y así durante cada día de la semana.

Lo ha intentado todo, hacer una crónica que pudiera leerse con ese tono pausado, de abuelo afectado de la memoria, de esas que tanto escribieron los santones literarios de nuestro país en el siglo pasado, también ha tratado de hacer un texto que fuera desenfrenado, al estilo de los escritores posmodernos, que escupen palabras cual si fueran producto de un consumo desbordado de anfetaminas, pero no, nada sale.

Si nuestros ojos no fueran los de un ciudadano que se indigna porque en el gobierno nadie hace lo que debe y al salir de quejarse ira corriendo a dar unas monedas a un corrupto porque ha dejado su auto estacionado en doble fila, podríamos darnos cuenta de que este “burócrata” ha intentado todo, cambiar de lugar, escribir a mano, hacerlo por la mañana, en la madrugada, y nada, la pagina sigue en blanco.

Quisiera que estuvieran aquí, que pudieran verlo, como atiende a una persona, luego regresa a su texto inexistente, después redacta un oficio, contesta un memorando, explica que en esta oficina no se pude resolver el problema que plantea un ciudadano, se topa con su pagina en blanco, mira el reloj, se pregunta como van sus compañeros del taller, escribe dos palabras que de inmediato borra, al final nada, nada hay en la pagina.

Son las cuatro de la tarde, el recuento del día es el mismo que se suma a una eternidad de histeria ciudadana, es la hora de partir hacia el taller, de estar listo para presentar una visión colorida en un texto que por partes iguales contenga narración y descripción, pero no, eso no será posible, el texto no ha llegado, el único cambio que se ha dado es que la pagina ha perdido su color original, ahora es de un gris absoluto, al menos ahora puede ostentarse como una pagina burocrática.