martes, 12 de mayo de 2009

Escenas de aburrimiento

1. No pasa nada, ni el tiempo, así la inspiración no puede llegar, no me refiero a eso que permite crear las grandes obas de arte, eso que genera las ideas que repetirán todos de manera descontextualizada; no, me refiero a la inspiración que nos permite movernos, hacer cualquier cosa cotidiana, esa de la que nunca hablamos y solo en ocasiones percibimos como necesaria. Sin tiempo, sin ideas, si nada, solo por accidente levanto mi cabeza y por lo tanto la mirada cambia de lugar, sin quererlo me pongo a mirar el cielo y por repetición, como autómata se me escurre una frase, que de tan vista me resulta familiar; mientras muevo mis manos en la misma dirección que la mirada digo para que nadie y todos me escuchen: ¡dios mío! ¿Qué he hecho para merecer esto? Por dentro me rio, mucho, resulta muy novedoso el hablarle a alguien que no conozco, que no intuyo, del cual todos hablan y esperan algo, yo simplemente agradezco que esa palabra me haga reír, creo que el tiempo pasó, al menos un instante fue. 

2. Estamos de nuevo en una mesa, una de esas donde hemos pasado los años, muchos riéndonos, otros cuantos disfrutando del recuerdo de las risas, y los últimos sin saber donde se quedo ese tiempo y sin poder recordar como éramos. Ahora estamos en silencio, ni siquiera nos miramos, ya ni siquiera sabemos que hay en la taza del otro, que importa, no hay diferencia, un líquido no podrá hacer nada por nosotros. Lo único que hay en esa mesa es el principio del eterno silencio. “Ahora nosotros somos la nada”, esa es la frase que se completa en mi cabeza y que no se como articular en mi boca, cuando sin saber de donde, en una trayectoria por completo vertical cae entre nosotros un zapato, un tenis negro, de esos que usan quienes saben huir del ahora montados en una tabla; al estrellarse en la mesa hace volar los vasos, el liquido que tomabas o fingías tomar ha volado hasta depositarse en todo tu pecho, ahora se que es café turco, ese que tanto te gusta y ante el cual reías hace muchos años; en mi cabeza se ha apostado un masa fría de color obscuro el cual también reconoces, al ver esos líquidos nos reímos de nuevo sobre una mesa.

3. Hoy estoy cansado de las personas, y no porque hable con muchas, por el contrario, las veo, pasan a mi lado, chocan con mis hombros, tocan mis manos cuando les entrego uno más de los papeles que hacemos circular, pasan su mirada por mi sin mirarme tal como lo hacen con todos los demás, incluso mi cuerpo puede sentir el sudor y la respiración de otros cuando viajamos hacia ningún lado. Así que las toco, huelo, veo, escucho, pero para ninguna resulto significativo, para todos soy uno más. Esto no tiene nada de raro, se que me pasa lo mismo que a cualquiera, se que es un días más en cualquier ciudad, pero si puede haber una diferencia, la cual vengo haciendo desde la mañana y ahora la hare contigo, dejare de escribir, caminare hacia ti que estas cómodamente sentado, me voy a parar a tu lado y en un instante sin que lo esperes simplemente me dejare caer sobre de ti, como un árbol que es derribado en un bosque, como un edificio dinamitado; se que ese simple gesto me hará significativo para ti.