Si en algún momento la noche ya no es un lugar donde te puedas sentir segura, tienes que mirar tus manos, contar los dedos, no importa tanto si son cinco como siempre, o si alguno ha sido devorado por alguna serpiente, incluso nada cambia si uno de los pecados capitales ha logrado que surja un dedo de más; lo importante es que recuerdes los que has tocado, que pienses en las cosas que has señalado, que no te permitas olvidar lo que tus dedos han negado.
Cuando termines de pensar en eso, después de que respires tres veces de manera profunda, cierra los ojos una vez más, pero fuerte, muy fuerte, ya no te preocupes, estarás donde siempre has deseado.


No hay comentarios:
Publicar un comentario