Por lo mismo Pericles reclama a su mentor, (esta bien, esta bien, no soy tu mentor, soy tu escribano, pero aun así no modificare la frase, puedo reconocer lo que soy pero no corregir mis letras), y le reclama (No te enojes, ya les dije que solo soy tu escribano, pero no me chingues, ¿Homero no hizo grande a Odiseo?, entonces no molestes tanto y confía en mí; claro que saben que tú construyes tu historia y yo solo la registro, ya, ya pues) le reclama porque a pesar de que han sucedido grandes gestas dignas de pasar a la historia la falta de inspiración ha sido la constante, dejando en claro que la vida misma no siempre es el motivo para que surjan las letras.
Para darle bríos a su historiador Pericles le ha dado las mejores condiciones para que pueda vencer a la pagina en blanco; lo mando de vacaciones a Colima, le prometió cambiarle de automovil, incluso de manera rara genero las condiciones para condonarle todas sus deudas, pero nada dio resultado.
El escribano reconociendo que había perdido la posibilidad de seguir cumpliendo con su trabajo tuvo que reconocer que era momento de abandonarse en los brazos de la evasión, por lo mismo reunió a un grupo de amigos, que si bien todos ellos son expertos en las artes de la trascendencia, no fueron convocados para transmitir esas habilidades, sino simplemente para distraerlo de su tragedia.
Pero como bien lo sabemos en el momento menos pensado la inspiración surge, las letras se acomodan, y todo por la insistencia de dos sabios, uno que se cree robot y otra que odia la psique pero ama el pasito para atrás, a través de una insistencia hipnótica, de un mantra repetido: reconstruido, reconstruido, reconstruido... Lograron lo que hechos heroicos no pudieron: reconstruir la inspiración.



2 comentarios:
wooow, Pericles lo logro!!!!!
Ahora ya no soy anònimo!!!
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