Solicitamos su colaboración para dar con el paradero de un joven que responde al nombre de…, no esperen, no creo que responda a ningún nombre, hace algunos días le decían de diferentes maneras, con el nombre que más sonreía cuando lo llamaban era “mai”; así le dijo por primera vez Taquirou y después todos, pero incluso si le dicen así lo más probable es que ni voltee.
¿En que estábamos?, ah, si ya recuerdo, disculpen, siempre en lunes se complican las letras; estábamos solicitando su colaboración para encontrar a un joven extraviado, la ultima vez que se supo de él estaba en camino a una minera a 50 kilómetros de la ciudad de Hermosillo, se dirigía a realizar algún trabajo de auditoria cuando por accidente se quedo varado en medio del desierto.
No quiero pero tendré que hacerlo, debo ser honesto, porque la verdad, sí queremos encontrarlo, les confesaré que lo escrito en el párrafo anterior no es por completo cierto, la verdad es que no se quedo varado en el desierto, se quedo “expulsado” en el desierto.
El incidente verdadero es que viajaba a la mina con un grupo de alienígenas que siempre usan camisas blancas de manga corta con corbatas negras y con una bolsa en el lado izquierdo del pecho donde cargan una calculadora y varias plumas, los cuales se denominan entre ellos como contadores; todo transcurría de manera ordinaria, cuando al “mai” le broto de la boca una pregunta que ni siquiera pensó por un instante, simplemente dijo: ¿Qué, cabrones, ustedes creen que aquí se pueda conseguir peyote?, motivo suficiente para que esos tipos que tienen tan aséptica la camisa como la moral lo expulsaron de la camioneta en pleno movimiento.
Tenemos conocimiento de este incidente porque su batería del celular le alcanzo para que pudiera llamarnos a cada uno de nosotros para contarnos el incidente, haciéndolo con las risas que siempre le producen ese tipo de cosas, a mi lo ultimo que me pregunto es que si creía en los relatos donde las personas que tienen un espíritu de ciertas características al comer una importante cantidad de peyote se podían convertir en coyotes, evidentemente mi respuesta fue una risa tan fuerte y prolongada como las del “mai”, después de reírnos un rato más, colgamos no sin antes asegurarnos de que pronto deberíamos vernos, sin que en algún momento reparáramos en la forma en que saldría de un desierto, supongo que esto sucedió porque la amistad nos hacen más confiados con respecto incluso de la peor tragedia.
En estos días hemos podido constatar que la misma pregunta la realizo a través de los celulares de la chica que baila ula ula a las siete de la mañana de los domingos colimenses, también al joven que tira los celulares en las alcantarillas, de igual forma se comunico con la señorita que le patea el trasero al que se duerme en las fiestas, no dejó pasar la oportunidad de marcarle a la reconstructora de inspiración amorosa e incluso le pregunto a los lysérgicos, y justo como lo habíamos ya aclarado, también le pregunto a este humilde escribano.
Les estamos pidiendo su ayuda porque el celular esta muerto, y sabemos que el “mai” no, porque eso se siente, pero lo que estamos temiendo es que lo de convertirse después de comer peyote pudiera ser cierto, porque todos hemos visto durante las noches como por nuestras ventanas se asoma un coyote que se ríe igualito que el “mai” y justo cuando le queremos hablar sale corriendo; incluso los lysérgicos dicen que en varias de las fiestas donde han tocado en diferentes ciudades, han visto dos cosas curiosas, de reojo muy al fondo ven al “mai”, y justo cuando acaban de tocar y van a buscarlo solo ven como un coyote sale corriendo con rumbo al norte.
Todos sabemos bien que el “mai” esta feliz, que no esta perdido, nuestra preocupación es que la fiesta de ser coyote le dure tanto tiempo que pueda acabar con la producción nacional de peyote; justo por eso pedimos su colaboración para dar con el paradero de un joven…