En esta condición resulta muy complicado el tomar decisiones; ¿izquierda o derecha?, ¿Cuál de las manos podría ser la más adecuada para auxiliar a los parpados en su lucha por separarse?; un buen elemento para corroborar el estado incierto en que me encuentro es que no he reparado en que mi brazo izquierdo se ve imposibilitado para moverse, esta atrapado debajo del resto de mi existencia corporal, la cual sin duda será un rival mucho más complicado que los parpados.
¿Si estuviera dormido? Resultaría tan divertido el imaginar a mi mano derecha como un abogado que intenta hacer más sencilla la separación de los parpados, la imagino como un litigante que busca resolver rápidamente un divorcio, con el único afán de acabar pronto el trabajo y dedicarse a alguna labor más preciada por él, eso me hace reír; y no es que tenga un humor tan malo, supongo que las neuronas también se han vuelto lentas a esta hora de la mañana.
Sigo imaginando a mi mano, con mucha soberbia, producto de contar con un papel que ella misma llama “Titulo”, el cual tiene unos dibujos graciosos y frases sin sentido, pero que mucho le hacen aumentar su orgullo, sobre todo esa que dice: Licenciado en Derecho; tienes que admitir que es gracioso, cuando menos tienes que intentar pensar esto la próxima vez que estés peleando por despertar, creo que solo así podrías entender la gracia de esa idea.
Lo que si no puedo negar es que mi mano es tan tonta como cualquier abogado, no entiende los motivos de los parpados para mantenerse unidos a pesar de que halla llegado la hora de separarse, no entiende que hay una historia, mil causas, un gran sinrazón fundada en un millar de razones, no lo entiende ni lo entenderá porque no le interesa, ella solo cumple un orden que debe ser ejecutado; sin saber que aun cuando logre su objetivo hay mucho más que una simple separación.
Se que esto suena aburrido, lo es, y creo que no podrá dejar de serlo, pero lo que no se puede postergar es que te cuente eso que tú y todos conocen, esa verdad absoluta, que por más que nos empeñemos en negarlo no deja de ser cierta: la cosas nunca permanecen inmutables, son siempre inseguras y terminamos convirtiéndonos en algo jamás imaginado. Mi mano que hasta ahora pareciera condenada a ser agorera del despertar, en solo un trayecto, tan corto que resulta insignificante, cambia por completo de situación, se convierte en un recuerdo que llega por la nariz, que no logra su objetivo de alejar.
Esa mano que jugaba un papel sombrío, ahora es portadora de algo que ya ha sucedido, lo hace sin saber que es portadora de luminosidad, si querer ha dado motivos para que los ojos permanezcan más cerrados que nunca, hace que un recuerdo se convierta en realidad, permite que los parpados se aprieten con el fin de que escape esa sensación que inunda todo el cuerpo, que revive todo lo que la noche anterior sucedió.
Huele a ella, a esa esencia irrepetible, tiene esa mano la inconfundible marca de una noche que parecía no tener final, donde la eternidad se concentra en un segundo que llega sin anunciarse y que nunca se va. Con ese olor a lo que algunos pudieran considerar pecado, pero que inequívocamente es pureza; donde la vida se expresa en su totalidad.
Así la mano que daría el tiro de gracia al sueño, que traería a la vigilia a todo mi cuerpo, se ha convertido en el vehículo que evita que el cuerpo se mueva, que obliga a que cada parte del todo se esfuerce en no moverse para que la sensación que ella produce no desaparezca.
Tengo una duda, ¿tú sabes que es lo que hago al quedarme así?, ¿no se si estoy aferrándome a mantenerme dormido?, ¿si sueño despierto?, ¿si me he despertado o sigo dormido? La única certeza es que por el olor de mi mano te recuperó, que no se ha terminado la noche, que no estas dormida en tu cama, que sigues a mi lado intentando estar más cerca de lo que la física permite, y que esto seguirá mientras mantenga mis ojos cerrados.



No hay comentarios:
Publicar un comentario