Un cuento chino es un de esas pequeñas cosas que se convirtieron en nada, en todo. Como lo ha hecho a lo largo de su historia, la cultura occidental ha visto en la diferencia algo mágico, así le sucedió a los chinos, al igual que al resto de culturas mundiales, los primeros visitantes europeos consideraron a las tierras chinas como un lugar lleno de prodigios, de maravillas que solo podían ser producto de poderes sobrenaturales.
Siguiendo el ciclo recurrente ante la diversidad, después de maravillarse se encargaron de desmitificar, de destruir esas ideas que solo ellos habían albergado, por lo mismos toda referencia a la magia de china, fue considerada como un cuento chino, como una fantasía insostenible. El gran conjunto humano utilizo un lugar común para despreciar una cultura que incluso cuenta con una mayor tradición, con una identidad muy particular.
El hablar de cuentos chinos es hablar de una tragedia, la tragedia de la incomprensión, que afecta por igual al que la da como al que la recibe. Los europeos con su incapacidad para procesar la diferencia recurrieron a banalizar las pequeñas cosas de los chinos, si su cultura se manifestaba en cada acto, en cada relación, en la cotidianeidad de los chinos, lo europeos se encargaron de referirse a ellas como cuestiones menores, como fantasía, como producto de la literatura fantástica.
Hoy nuestros cuentos chinos no hablan de eso, esta frase ha perdido contenido, es solo el reflejo del desprecio por cosas que por pequeñas son tremendamente valiosas, hoy decir "cuentos chinos" es no decir nada, es simplificar, es llenar el espacio de las ideas con frases carentes de sentido.
Bien valdría la pena que todos esos lugares comunes, pudieran ser retomados por quienes gustan de que las palabras tengan algún sentido, sin importar cual, pero simplemente que expresen algo, lo que sea.


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