lunes, 7 de enero de 2013
La mano, la bolsa negra, mis días, las dudas.
martes, 16 de febrero de 2010
1. SUEÑO ASPIRACIONAL
Soy un escritor que es repudiado por los seguidores de algún filósofo del desencanto de origen rumano, su desprecio se concreta en que consideran mis textos dignos de ser publicados en Cosmopolitan. Por su parte las lectoras de esa revista sienten una enfermiza fascinación maternal por mis textos, les cautiva eso que ellas llaman tristeza y no es otra cosa que una fingida angustia existencial. La realidad es que mis intelectualizados críticos me envidian porque me suponen saliendo con chicas de portada cosmo, mientras que ellas me idealizan como el gran escritor capaz de revelar algún secreto de la vida. Los dos grupos se equivocan, yo solo me sonrío al pensar en ellos antes de ir a dormir.
lunes, 15 de febrero de 2010
Narrar y describir

1. El día que nací.
No nacieron todas las flores ni cantaron los ruiseñores ni nada por el estilo, simplemente fue un domingo como todos: de hueva, lo único distintivo es que era uno que tenia un número de la suerte por todos lados, era un día siete, de un mes siete en una década que estuvo como ninguna llena de sietes. Con esa coincidencia seguramente algo extraordinario tenia que haber sucedido, pero no, simplemente mis abuelos maternos se sonrojaron, eso de los domingos siete no era muy de su agrado, aun cuando su hija se hubiera casado con todas las de la ley y dejado pasar justo nueve meses antes de su primogénito, y también fue el inicio de una historia más, de esas que a mi familia le encanta inventar y creer: nací en un hospital al mismo tiempo que otro niño, cuya única característica que hoy recordamos es que era gitano, de ahí que mis papas, hermanos y primos hallan insistido por tanto tiempo en que nos cambiaron de cunero y que yo soy de la familia amorosamente pero que en lo genético tengo mis orígenes allá por Bulgaria o Rumania.
2. El gitano que tuvo que leer
Además de las historia increíbles a mi familia lo que mas le gusta es sentarse ante una gran mesa, que tenga grandes platos de comida, ¿de cual?, de la que sea, queso, fruta, carne, lo que se pueda comer entre todos y durante toda la noche, y lo hacen solo para sentarse a hablar, a reír, y a discutir, todo como una manifestación de una obsesión que nos pinta como unos perfectos integrantes de la clase media: nos queremos distinguir de los demás, pero como no tenemos títulos nobiliarios los sustituimos por una obsesión por los libros, los cuales se coleccionan y amontonan en casa cual si fueran la fuente de la vida y la certeza de que se es diferente. Eso fue tan cierto que yo acabe sintiéndome diferente hasta de ellos, entre la historia de mi origen gitano y esas discusiones inteligibles me fui convenciendo que no, esa no era mi familia, no entendía nada de nada. Así que como me gustaba tanto sentarme a comer a esa mesa, tome la decisión de que no iba a dejar que descubrieran quien era, así que del cajón de mi abuelo materno me robe una lámpara de mano que el atesoraba mucho, plateada y brillante como nunca he visto nada más, y la usaba para levantarme en la noche y sacar algún libro del que hubieran hablado y leerlo debajo de las sabanas con esa luminosa, en mas de un sentido, lámpara, tenia que hacerlo a riesgo de que me mandaran a vivir a una casa rodante y tuviera que dedicarme a leer la mano a los extraños.
3. El cínico.
Sin perder la costumbre de leer casi a obscuras me llego el tiempo de ir a la preparatoria, no por elección, simplemente por que eso hacíamos todos en mi familia, en esa en la que viví toda la infancia, con mis dos hermanos directos, con otros cuatro que tenían la misma carga genética y los mismos apellidos y que sin embargo tenían otros papas. Así un día salí en listas en la una escuela de numerito y procedía a aburrirme como nunca más me ha sucedido, con muchas clases de nada y demasiada gente sin rostro pase algún tiempo batallando por cumplir ese requisito, supongo que por tanto ocio acumulado el resultado natural fue ponerme a hacer cosas sin sentido, y ya sabes que cuando se actúa así lo más probable es que acabe ocurriendo una desgracia, y fue así me dio por empezar a escribir, lo cual debe angustiar a cualquiera, pero de extraña manera emociona a otros, así que empecé a dedicar mas tiempo a escribir, a juntar textos ajenos, a pegarlos por todas las paredes que me encontraba, a distribuirlos de mano en mano, hasta que un buen día alguien me propuso que porque no los ayudaba en una elección estudiantil, que yo conocía a varias personas, otra me conocía y que les ayudara solo un mes y después volviera mis papeles. Cuando consulte a una profesora que se empeñaba todos los días en que terminara la preparatoria para que estudiara Letras, solo atino a responde: “No te metas en la política, eres demasiado cínico, te vas a volver más y te va a ir muy bien ahí”. No era maestra, era bruja.
4. “Como me dices puerco si vamos al mismo chiquero”
Pasó el mes y no me regrese a mis papeles, si bien estos siempre me han acompañado, ya no fueron lo único en que ocupe mi tiempo, de repente me divertí tanto viendo la pasión que despertaba en las personas la política que quise comprender de donde emanaba eso que les daba vida, porque tengo que aceptar que antes veía a esas personas como sombras grises y de repente estaban llenos de vida, así que algo debería de tener eso de la política. En esa búsqueda me he pasado varios años, para descubrir lo que para otros es evidente, que la política es tan humana como los es cualquier otra actividad, con el tiempo es cierto que me volví tan cínico que aprendí a reírme de los que desprecian la política pero también de los que la profesan como religión. La frase con la que nombro a esta viñeta es la mejor enseñanza que he recibido en años, la dijo alguien que no comprendía todo lo que contiene, finalmente solo el contacto con las pasiones humanas nos puede enseñar a ponerles la justa distancia de ellas.
5. ¿Y ahora que?
Simplemente nada, simplemente todo, ahora tengo lo que he querido, me di cuenta de que si soy ese niño gitano que mi familia invento, porque he ido y venido por todos lados, por todas las ideas, por todas las posibilidades, en ese camino lo único constante han sido mis letras, las ajenas también, y quiero seguir viajando, experimentando, encontrando la suerte que los sietes anunciaban y que los días han confirmado. Hoy simplemente escribo estas letras como una parte más de mi todo, sigo leyendo debajo de la sabana, aunque ahora se hacer altos para sentir a quien respira a mi lado, para escuchar sus palabras, para sentir sus sentimientos, hoy tengo que seguir leyendo para seguir siendo parte de lo que quiero ser, pero al final se que debo saber poner un punto y seguido para tener una pausa y mirar a mi cómplice de vida y tocar mis tres estrellas que llevo en el hombro y en la mente.
viernes, 12 de febrero de 2010

No existen motivos, razones, o al menos no los puedo recordar, no logro ni siquiera imaginar un motivo para mi presencia en este lugar; se que me levante muy temprano, aun era de noche, sin que sonara una alarma, que hice algunas cosas mecánicamente: bañarme, vestirme, manejar, comer una guayaba gigante, desabrida y llena de semillas que se atoran entre mis dientes tan dañados por la presión a las que los someto por el gusto de apretar la quijada, tengo claro todos esos detalles, pero no encuentro ningún porque.
Quisiera poder entender, no se como hacerlo, recuerdo que llegue hace unas horas y no había nadie, todos los escritorios estaban desiertos, no había ni un teléfono que sonara, todos estaban mudos, tal vez dormidos, tal vez muertos, solo eran silencio, de repente algún cuerpo que murmura alguna frase deambula por delante de mi, supongo que algo hace o dice, yo no logro entenderlo, ni siquiera me interesa, pero ni por accidente logro conectar con alguno de ellos.
Frente a mi tengo lo que sé que es una maquina, sospecho que sirve para algo, lo creo porque mis dedos se mueven apretando pequeños botones, que hacen que algo se mueva en una pantalla que emite una luz que me hace mirarla, puede que sea algo importante, no importa, finalmente eso tampoco lo entiendo, me da lo mismo si en esa pantalla aparecen mas y mas manchas, si surgen pequeñas líneas rojas o verdes, si parpadean, si desaparecen, solo se que ahí están, pero carecen de importancia.
Sin que me preocupe estoy entretenido pensando en si podré irme de aquí en algún momento, he pensado que si, porque ahora creo suponer que en otros momentos he repetido esta rutina, solo lo creo, no puedo asegurarlo; aunque tengo una duda fundamental: como sabré que hay un momento para irme, si no pasa nada, si los relojes se han quedado congelados, si no deja de ser las ocho con veintiséis minutos.
miércoles, 28 de octubre de 2009
miércoles, 30 de septiembre de 2009
El tiempo determina las cosas
El tiempo determina todas las cosas martes, 8 de septiembre de 2009
Tercer crónica

CRÓNICA DE LA PÁGINA GRIS
Una oficina de gobierno, un constante devenir de personas que malencaradas reclaman un mal servicio, otro grupo está del lado contrario de la ventanilla, a ellos los llaman servidores públicos, los cuales no están de mal humor, simplemente reflejan en sus caras el hastío de escuchar y hacer una y mil veces lo mismo, siempre las mismas acciones, las mismas quejas, las mismas groserías.
Todos tienen su justificación, unos simplemente hacen lo que pueden, otros pagan sus impuestos, y al final todos terminan odiando a todos, nadie tiene lo que quiere y deben soportarse al menos por unos momentos, por una mañana o tal vez algunos días, después se separan, hasta nuevo aviso, hasta que algo vuelva a fallar y tengan que afrontar un nuevo duelo.
Esta situación no tendría nada de extraordinario, todos lo hemos vivido, la mayoría de un lado, algunos cuantos de los dos, pero sin importar la experiencia en tramites burocráticos que hallamos obtenido, todos estamos en condición de asegurar que siempre es lo mismo, que nunca hay una diferencia.
La anterior afirmación es casi cierta, y digo casi porque solo una gran suerte, una extraña conjunción astral o un misterio sin resolver podrían dejarnos ver que no todo es igual, y digo que es muy extraño, porque el primer síntoma que genera la burocratitis aguda es que disminuye de manera muy grave, la capacidad para distinguir las diferencias.
Solo bastaría que cualquier día asistiéramos a una oficina de gobierno, sin la necesidad de hacer algún tramite, para darnos cuentas de que no solo hay secretarias gordas y con un humor pésimo, no es concurso de belleza pero sin los ojos del ciudadano mal atendido seguro podríamos encontrar mayores virtudes estéticas, o tal vez podríamos darnos cuenta de que no todos los tipos son groseros e inútiles, que incluso alguno hasta amable es; pero insisto, lo mejor de todo es que podríamos darnos cuenta de los pequeños detalles.
Si fuéramos los elegidos para no ver todo en las oficinas de gobierno en escala de grises, podríamos ver como hay diferentes motivos para que cada persona actúe de una manera extraña, por ejemplo, podríamos darnos cuenta de que en uno de los escritorios esta un tipo de aproximadamente 35 años que mira detenidamente a las personas, que intenta extraerles con la mirada algo, algún tema, algún rasgo, algo que los haga diferentes, lo hace con demasiada decisión, casi desesperado, lo hace durante largos momentos, y de repente como producto de una gran explosión de energía se sumerge en la pantalla de una computadora portátil y mueve de manera frenética sus dedos sobre el teclado.
Esto podría hacernos pensar que es una excepción en el diario juego de la nada, que hace su trabajo con una dedicación absoluta, pero no, eso tampoco es cierto, simplemente sufre porque es lunes, faltan unos horas para que tenga que asistir a un taller de crónica al cual se ha inscrito por todas las razones del mundo y por ningún motivo en particular, sufre porque frente a si tiene una hoja en blanco a la cual ha querido derrotar desde el martes pasado, y así durante cada día de la semana.
Lo ha intentado todo, hacer una crónica que pudiera leerse con ese tono pausado, de abuelo afectado de la memoria, de esas que tanto escribieron los santones literarios de nuestro país en el siglo pasado, también ha tratado de hacer un texto que fuera desenfrenado, al estilo de los escritores posmodernos, que escupen palabras cual si fueran producto de un consumo desbordado de anfetaminas, pero no, nada sale.
Si nuestros ojos no fueran los de un ciudadano que se indigna porque en el gobierno nadie hace lo que debe y al salir de quejarse ira corriendo a dar unas monedas a un corrupto porque ha dejado su auto estacionado en doble fila, podríamos darnos cuenta de que este “burócrata” ha intentado todo, cambiar de lugar, escribir a mano, hacerlo por la mañana, en la madrugada, y nada, la pagina sigue en blanco.
Quisiera que estuvieran aquí, que pudieran verlo, como atiende a una persona, luego regresa a su texto inexistente, después redacta un oficio, contesta un memorando, explica que en esta oficina no se pude resolver el problema que plantea un ciudadano, se topa con su pagina en blanco, mira el reloj, se pregunta como van sus compañeros del taller, escribe dos palabras que de inmediato borra, al final nada, nada hay en la pagina.
Son las cuatro de la tarde, el recuento del día es el mismo que se suma a una eternidad de histeria ciudadana, es la hora de partir hacia el taller, de estar listo para presentar una visión colorida en un texto que por partes iguales contenga narración y descripción, pero no, eso no será posible, el texto no ha llegado, el único cambio que se ha dado es que la pagina ha perdido su color original, ahora es de un gris absoluto, al menos ahora puede ostentarse como una pagina burocrática.


